Las plantas crecen más bajo cielos contaminados

abril 22, 2009 at 7:24 pm Deja un comentario

Las plantas crecen más, y absorben más CO2, bajo los cielos contaminados de las grandes ciudades y zonas industriales de lo que lo habrían hecho en atmósferas limpias. Esta es la sorprendente conclusión a la que ha llegado un equipo europeo de investigadores del clima en un estudio que hoy publica la revista Nature y que añade aún más confusión sobre el funcionamiento del delicado conjunto de equilibrios que es el sistema climático terrestre. Más contaminación de partículas suspendidas en los cielos, pero mayor captación del gas responsable número uno del cambio climático y, entre medias, las verdes plantas.

“Sorprendentemente, los efectos de la contaminación atmosférica parecen haber aumentado la productividad global de las plantas en un 25% en el periodo de 1960 a 1999. Esto ha dado como resultado un aumento neto de alrededor del 10% de la cantidad de carbono almacenado en la tierra”, explica Lina Mercado, climatóloga del Centro de Ecología e Hidrología (CEH) del Reino Unido y directora de la investigación. Aunque los científicos saben desde hace tiempo que las partículas sólidas o líquidas en suspensión —los llamados aerosoles— pueden llegar a enfriar el clima al reflejar la luz solar, este estudio es el primero que cuantifica el efecto de la contaminación directamente sobre la captura de CO2.

Precisamente durante el periodo analizado, la cantidad de este tipo de contaminantes liberados a la atmósfera, con la marca de actividades humanas, aumentó drásticamente, coincidiendo con un curioso fenómeno que recibió el nombre de ‘oscurecimiento global’: la disminución de la cantidad de luz solar sobre la superficie de la Tierra. Al momento se interpretó que las partículas contaminantes eran las responsables del fenómeno al actuar como escudos frente a la luz, y, sin sol, los científicos pensaron que la actividad a la que las plantas dedican sus horas del día, la fotosíntesis (que produce materia orgánica a partir de CO2), disminuiría.

Pero ahora este nuevo estudio, realizado por investigadores del CEH, la Universidad de Exeter y el Instituto de Ciencias Atmosféricas y Climáticas de Zurich, demuestra que los aerosoles no sólo reflejan la luz y la rebotan, sino que también son capaces de dispersarla en múltiples direcciones, con lo que la Tierra, y sus plantas, reciben menor cantidad de luz directa pero mayor de luz difusa. Efecto neto: aumento del crecimiento vegetal a través del aumento de la fotosíntesis, y consecuentemente, mayor captación de CO2. “Aunque mucha gente cree que las plantas crecen mejor en un brillante día soleado, lo opuesto también es cierto y a menudo se ven impulsadas en condiciones brumosas como aquellas que existen durante periodos de aumento de la contaminación atmosférica”, confirma Stephen Sitch, climatólogo de la Universidad de Leeds, y coautor de la investigación.

“Los efectos de la contaminación atmosférica parecen haber aumentado la productividad global de las plantas en un 25% entre 1960 y 1999. Esto ha generado un aumento neto de un 10% de la cantidad de carbono almacenado”

Las implicaciones de este descubrimiento sobre las decisiones a tomar para reducir las emisiones globales de CO2 son obvias. “Mientras continuamos limpiando el aire en las capas bajas de la atmósfera —algo que debemos hacer por los efectos en la salud humana— el desafío de evitar las peligrosas consecuencias del cambio del clima a través de las reducciones en la emisión de CO2 será aún más difícil de conseguir. Diferentes contaminantes que afectan al clima tienen efectos muy distintos en plantas y estos deben tenerse en cuenta si queremos tomar buenas decisiones sobre cómo afrontar el cambio climático”, afirma Peter Cox, catedrático de sistemas climáticos de la Universidad de Exeter.

Es decir, si continúa un tipo de contaminación atmosférica, se pone en peligro la salud del hombre pero también se disminuye la concentración de CO2, lo que, a su vez, rebaja la temperatura de la Tierra, permitiendo la supervivencia de ese mismo hombre. Complicado trabalenguas. Y es que todo puede tener consecuencias en un ciclo de reacciones tan ajustado, por lo que, incluso en un escenario medioambiental limpio, en el cual la emisión de aerosoles disminuyera rápidamente durante el siglo XXI, los autores del estudio consideran que harían falta cortes mucho más drásticos en las emisiones de CO2 para estabilizar su concentración por debajo de las 450 partes por millón. Esta es la cifra que el comité de expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) ha fijado como límite máximo, pues supondría un aumento de dos grados centígrados en la temperatura del planeta, algo difícilmente asumible para aquellos que lo habitan.

Fuente: http://www.soitu.es

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